Medio Oriente: mensajes inquietantes de una crisis diferente

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El grueso calibre de las promesas de represalia lanzadas ayer por los dirigentes políticos israelíes contra Hamás no hizo más que reflejar el fuerte impacto popular que produjo el hallazgo de los cadáveres de los tres jóvenes secuestrados el 12 de junio. Hay motivos para preocuparse: la experiencia muestra que la indignación suele encender grandes hogueras en esa región inflamable del mundo.

Desde un primer momento, el Gobierno de Benjamín Netanyahu señaló al Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás es su acrónimo, que además significa “furor”) como responsable del hecho. Si tal cosa le resultaba políticamente conveniente para desacreditar el Gobierno palestino de unidad nacido diez días antes de esa fecha, las declaraciones de los líderes de ese movimiento político-terrorista, laudatorias al extremo para los autores, parecieron dar respuesta a las dudas.

Si, efectivamente, ése es el caso y Hamás será nuevamente el blanco de la ira israelí, conviene sacar algunas conclusiones.

En primer lugar, no es un dato menor dónde se perpetró el triple secuestro y asesinato, esto es en las proximidades de Hebrón, una zona de Cisjordania en la que la colonización judía resulta particularmente injustificable. Dejando de lado los pergaminos religiosos -que los tienen todos y sin chances de conciliación-, el desbalance poblacional es tal que Israel ha dividido la ciudad en dos: una zona poblada por unos 120.000 árabes, llamada H1 y controlada por la Autoridad Palestina, y un casco menor, H2, donde domina el ejército israelí para proteger a unos 800 colonos que viven en medio de 30.000 palestinos. Así, golpear en esa zona es, para los terroristas, un modo de llamar la atención sobre el problema de la colonización allí donde sus resultados son más absurdos.

Segundo, si el ataque fue efectivamente llevado a cabo por Hamás, la novedad apunta a la posibilidad de su ala militar para golpear fuera de su santuario de la Franja de Gaza. Se sabe que la capacidad operativa de un grupo clandestino depende del modo en que interactúa con parte de la población local, donde puede obtener cobijo. Cuando sea posible votar, por ahora una quimera escrita en mesas de arena por las facciones palestinas, no habrá que sorprenderse de que el partido laico Al Fatah, el del líder histórico Yaser Arafat y del descolorido presidente actual, Mahmud Abás, sufra una derrota significativa en lo que se supone es su bastión.

Tercero, si Hamás, como se ha dicho, es capaz de operar fuera de Gaza y si hay que prepararse para una operación militar israelí a gran escala, el escenario bélico será evidentemente más amplio que el de 2006 y el de 2008-2009, ya que no se limitará a la Franja. Entonces, hay que recordarlo, los dirigentes israelíes prometían, como ahora, barrer para siempre a los islamistas, pero no lo lograron. El saldo fue grave en términos de muertes de civiles y una contención sólo táctica y temporaria de Hamás para recuperarse de los daños sufridos, de ningún modo terminales, como se ve hoy.

Cuarto, la conformación de un Gobierno de unidad palestino, anunciado a principios de año y concretado el pasado 2 de junio para espanto de Israel, parece, dados los acontecimientos, más una ganancia para los extremistas de Hamás que para los moderados de Abás: los primeros no arrastraron a los segundos a la mesa de negociaciones sino que éstos están llevando a aquéllos a un campo de batalla. La desesperación del presidente al llamar ayer a una reunión de gabinete urgente resulta ilustrativa de quién es el principal derrotado en la guerra amable que sostienen laicos e islamistas en la Autoridad Palestina. ¿Cuánto más difícil le resultará ahora mantener activos los mayoritarios apoyos internacionales logrados para el reconocimiento de un Estado con fronteras basadas en las de 1967? Es una tragedia para quienes militan por un acuerdo de paz esta derrota de un líder moderado a cuya consolidación Israel nunca ayudó con su política de colonización, rechazada por toda la comunidad internacional.

Quinto, debe preocupar este recrudecimiento en Palestina de la puja entre islamistas y laicos, el mismo clivaje que desgarra hoy a buena parte del mundo musulmán -más allá del tradicional entre sunitas y chiitas-, desde Irak y Siria hasta Egipto, Túnez y Turquía. El mismo clivaje, por cierto, que ya pesa perceptiblemente en la política del propio Israel y que, a no dudarlo, moldeará su futuro.

Como en otras tantas emergencias, será crucial el rol de la comunidad internacional para intentar amortiguar cualquier catarsis militar de Israel. El tamaño de su ira es proporcional a las características espantosas del triple secuestro y asesinato, y crece en la misma proporción en que decae la confianza en la seguridad que creía conquistada en los últimos años. Valla de seguridad o muro mediante, el Estado judío había logrado reducir casi a cero los atentados terroristas.

Lo ocurrido en Hebrón es un relámpago inquietante en una noche serena, que demuestra, además, cuán vulnerables son los asentamientos más aislados. El temor suele llevar a respuestas temibles. ¿Militares? Desde ya. Y también, posiblemente, de un extremismo colono que se viene esbozando desde hace tiempo y que nadie desea que muestre su rostro a la luz del día.

(Nota publicada en Ámbito Financiero).