La Argentina: ¿del infierno al cielo?

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La conocida ciclotimia argentina viene funcionando a pleno en los últimos días. En la Copa del Mundo, la Selección gana pero no juega bien, y recibe tantos elogios como críticas. En los mercados, cualquier indicio o versión basta para que la cotización de sus activos se hunda o escale asombrosamente. ¿Qué debe esperar Brasil de su principal socio regional? ¿Más turbulencias, nuevas restricciones comerciales, mayores limitaciones a las transacciones con divisas? ¿O, acaso, un renacimiento sorprendente, un “cisne negro” extrañamente bello y capaz de dejar atrás todas esas dificultades en poco tiempo? Españoles, ingleses o italianos nos recomendarían dejar de lado el fútbol por considerarlo demasiado azaroso. Examinemos entonces lo que nos queda. La ciclotimia nacional, al menos esta vez, está justificada. De aquí al lunes, acaso con algún tiempo suplementario, el país definirá si cae o no en cesación de pagos. Eso dependerá de si puede cancelar el vencimiento de 900 millones de dólares -de los cuales unos 245 millones deben abonarse en Nueva York-, algo que será imposible si no arregla antes una forma de pago a los fondos buitres que acaban de ganarle un sonado juicio por 1.330 millones en los tribunales estadounidenses. El tiempo urge. “Para nosotros, el vencimiento es el 30 de junio. Éste es un caso atípico, por lo que si no hay pago deberemos evaluar el estado de las negociaciones. Si hay chances concretas de un acuerdo (con los holdouts) y de un pago inminente, podríamos esperar algunos días. Si no, tendremos que definir que hubo un incumplimiento”, me dijo Sebastián Briozzo, director de Ratings Soberanos de Standard & Poor’s, en un diálogo radial (en el programa Pablo y a la Bolsa de radio El Mundo de Buenos Aires). “Debe haber no sólo voluntad de pago, que existe, sino también capacidad de hacerlo, con los correspondientes mecanismos legales y de estructura financiera. Y esto es lo que está en juego”, agregó. Así las cosas, no operaría el tantas veces mencionado período de prórroga de 30 días, una salvaguarda legal que no haría la diferencia en este caso. En dicho caso, los fondos buitre podrían gatillar uno de sus negocios favoritos, el de los seguros contra default (Credit Default Swaps) que oportunamente contrataron. Sólo un “stay”, medida cautelar del polémico juez Thomas Griesa, que permita pagar sin peligro de embargos mientras siguen las negociaciones, podría cambiar ese escenario. Si eso ocurre, como planteábamos en nuestra columna anterior, para Brasil y el Mercosur cabría esperar más problemas con una Argentina que seguiría exportando su crisis de restricción de divisas a sus socios, sólo que en versión 2.0. ¿Pero qué puede pasar si las cosas resultan de modo diferente? “Puede ocurrir que lo que parecía una derrota antológica (el fallo adverso de la Corte Suprema de los Estados Unidos) deje al país mejor que antes”, especuló en diálogo con este columnista Luciano Cohan, director de la consultora Elypsis. “Un acuerdo puede disparar los precios de los activos y un repunte de la economía. Lo financiero tiene vasos comunicantes con la economía real, sobre todo en este caso, dado que los problemas de ésta derivan de lo financiero, es decir de la escasez de divisas y de ingreso de capitales. En ese escenario, hacia 2015 podríamos ver un relajamiento de las restricciones cambiarias”, arriesgó. En caso de un arreglo exitoso con los holdouts”, “reducir el costo financiero permitiría volver al plan original (del Gobierno): sumar reservas por cuenta financiera (mediante préstamos de organismos multilaterales y la emisión de deuda de provincias, YPF, empresas privadas, y el mismo Tesoro Nacional) para adoptar una receta expansiva (tasas de interés bajas y atraso cambiario para contener la inflación) y terminar el mandato con crecimiento positivo. Si bien esto no haría más que exacerbar las distorsiones de precios relativos que llevaron a la estanflación, el efecto inmediato sería de salida temprana de la recesión”, señaló el último informe de Elypsis. “La eliminación del riesgo de los holdouts podría mejorar la curva de crédito soberano hasta en 250 puntos básicos, lo que reduciría la presión cambiaria y adelantaría la recuperación del real estate y la inversión desde los pisos actuales, a expensas de un mayor atraso cambiario. Bajo este escenario, vemos un regreso del crecimiento en el segundo semestre”, continuó el informe. Así, dado lo anterior, el año podría terminar con una caída del PBI de apenas 0,5%. El lunes último, el Indec confirmó que la economía entró formalmente en recesión debido a la retracción de 0,5% en el cuarto trimestre de 2013 y de 0,8 en el primero de este año. Eso, otra curiosidad argentina, dejó dos datos positivos: la caída de la economía es más suave que lo temido y el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos sigue avanzando en la entrega de cifras confiables. En ese caso, la salida del “cepo” cambiario quedaría a mano y, con ello, un escenario económico mucho más despejado hasta el final del Gobierno de Cristina Kirchner. Ya no se trataría de saber si eso ocurrirá en medio de una crisis. Al contrario, quedarían sentadas las bases para un despegue fuerte de la Argentina a partir de 2016, con un nuevo Gobierno, sin las amarras actuales y con una recreación de la confianza de los inversores, de cuyo apetito por activos locales ya se han conocido indicios claros. ¿Podría eso impactar también en el resultado de las elecciones de octubre del año próximo, si no para que el kirchnerismo logre imponer un candidato propio al menos sí para que retenga importantes resortes de poder? Es demasiado pronto para saberlo. En todo caso, es mejor no viajar tanto hacia el futuro en un país hoy bipolar y que tiene cosas muy trascendentes que resolver en cuestión de días. Default o despegue, nada menos.

(Nota publicada en Brasil247).